28 de febrero de 2016

El amianto y sus fantasmas

Realmente el amianto no es un único mineral, sino que la palabra se utiliza para describir a diversos minerales fibrosos que son utilizados industrialmente. También es habitual escuchar la palabra asbestos, término que se refiere a la textura de fibras largas y flexibles que presentan algunos minerales.

Actualmente  se explotan siete minerales con estas características por su empleo en la industria. La mayor parte, alrededor de un 90% en el pasado y del 98% actualmente, corresponde a un mineral blanco denominado crisotilo, llamado también asbesto blanco, y pertenece al grupo de los filosilicatos, o silicatos laminares, denominados serpentinas. El resto de la producción mundial procede principalmente de dos minerales del grupo de los inosilicatos, o silicatos de cadenas, la crocidolita o asbesto azul y la amosita o asbesto pardo. La producción mundial de asbestos  es de 3.500.000.000 de toneladas, siendo Rusia, Canadá y Sudáfrica los principales productores a nivel mundial, e Italia y Grecia en Europa.
Aspecto del crisotilo en muestra de mano
El uso de estos minerales se basa en su naturaleza fibrosa y flexible, que permite hacer un fieltro y tejerlo en tela y otros géneros; además es incombustible y mal conductor del calor. Los usos son muy variados, empleándose desde la producción de tejidos, papel, plásticos, en aislamientos térmicos o acústicos, o como carga en resinas, papel, asfaltos, pinturas y recubrimientos, pero en términos volumétricos se emplea principalmente en la fabricación de cementos, que en forma de planchas onduladas se conocen  como uralita en el mercado español, nombre de una conocida marca comercial. Estas planchas onduladas se han utilizado habitualmente como  tejados.
Planchas onduladas de uralita.

La degradación de estos materiales desprende fibras de tamaño microscópico, muy ligeras y que quedan en suspensión en el aire durante largos periodos de tiempo. De forma natural esas fibras se encuentran en el aire en unos porcentajes muy bajos, debido a la erosión natural de rocas con minerales fibrosos, pero se calcula que cada persona puede  inhalar un millón de fibras anualmente. Obviamente esta exposición es mucho mayor en lugares de trabajo donde se manipulan estos materiales.  El reducido tamaño de estas fibras, que puede variar entre 0,1 a 10 µm, les permite llegar fácilmente hasta los pulmones, donde se alojan de manera permanente.
La presencia de estas fibras en los pulmones puede producir tres tipos de enfermedades pulmonares:
-     Asbestosis: se trata de una enfermedad pulmonar crónica producida por la inhalación de fibras de amianto que disminuye la absorción de oxígeno en los pulmones. Al penetrar las fibras en los pulmones, el organismo intenta disolverlas produciendo ácido, pero debido a la resistencia química que presentan no consiguen disolverlas e irrita el tejido circundante, empeorando incluso imposibilitando su funcionamiento. Esta enfermedad puede manifestarse 20 años después de la exposición.
-     Mesotelioma: tumor cancerígeno poco frecuente que afecta a la pleura y al peritoneo. Se suele producir en personas que han realizado  trabajos con amianto al menos 30 años antes, aunque en ocasiones se ha desarrollado en personas con exposiciones muy leves. La única causa conocida de esta dolencia es la exposición a ambientes con asbestos.
-     Cáncer de pulmón: El cáncer de pulmón es, al igual que las anteriores, una enfermedad con un período de latencia prolongado (15-30 años). Las manifestaciones clínicas del cáncer de pulmón incluyen la pérdida del apetito y de peso, el cansancio, el dolor torácico, la hemoptisis o expectoración de sangre y la dificultad respiratoria. El tabaquismo en un factor que influye, aproximadamente en un 50%, en los efectos de esta enfermedad y su incidencia.
Los estudios médicos sobre los riesgos de las diferentes formas de asbestos muestran que el asbesto azul, crocidolita presenta mayores riegos y son más patogénicas que el crisotilo o asbesto blanco, en ambientes ocupacionales. Estudios epidemiológicos realizados en trabajadores de minas de asbestos de Sudáfrica y Australia han demostrado una elevada incidencia del mesotelioma, a veces tras solo un año de exposición. Pero estos estudios se refieren a minas de asbestos anfibólicos, especialmente crocidolita.
En todos los trabajos realizados sobre el crisotilo o asbesto blanco, recordemos que el más utilizado en todo el mundo (más de un 95%), no se ha demostrado hasta ahora  una relación causa-efecto entre la inhalación del mineral y las enfermedades pulmonares. Se han estudiado poblaciones de mineros, carpinteros, químicos, fontaneros, constructores, instaladores de aire acondicionado y conductos de calefacción, o residentes en viviendas con aislamiento de asbestos que han estado expuestas toda una vida a un ambiente con crisotilo en suspensión, y no se ha apreciado ninguna variación estimable en la tasa de mortalidad debida a mesotelioma o cáncer de pulmón.
La diferencia entre los asbestos se debe a la forma de las fibras. Los asbestos azules y pardos son como finísimas agujas que pueden perforar fácilmente la pleura, mientras que las fibras de crisotilo son rizadas y se pueden expulsar con mayor facilidad que las agujas de amosita y crocidolita. Además las fibras de crisotilo se pueden descomponer en el pulmón en el plazo de un año, cosa que no ocurre con las de otros asbestos o con la fibra de vidrio, que ahora se emplea como substituto del crisotilo en el aislamiento térmico de las viviendas.
Aspecto de las fibras de los asbestos anfibólicos.
Aspecto de las fibras del asbesto blanco, crisotilo.

A día de hoy,  la utilización de asbestos se ha restringido incluso prohibido, salvo excepciones para las que no se conocen sustitutos, en Estados Unidos y la Unión Europea. Esta prohibición radical se ha basado en informaciones falsas y no demostradas científicamente, al menos en referencia al crisotilo o asbesto blanco. Además  esta prohibición ha supuesto desastrosas consecuencias económicas, y quién sabe si sanitarias en el futuro, ya que se están utilizando sustancias alternativas cuyos efectos no han sido comprobados exhaustivamente. En los últimos años,  los medios de comunicación han prestado mucha atención a los peligros sanitarios planteados por el amianto. Normalmente en estos informes no se hace ninguna distinción entre los distintos tipos de asbestos y, además, los peligros estimados en los lugares de trabajo se extrapolaban linealmente a lugares no profesionales.
El estudio epidemiológico más amplio realizado en España ha establecido que el riesgo de cáncer de pleura aumenta en España, pero resulta todavía muy bajo con respecto a Europa. Ha quedado muy claro que un 42% de las personas expuestas no llegan a desarrollar enfermedad alguna, y que un 38% que no han tenido exposición al amianto han contraído la enfermedad. Las muertes de cáncer en España de 1989 a 1995 fueron 1.067.689; las posiblemente relacionadas con el amianto fueron 3.097, es decir, el 0,29%. De estas muertes, solo es posible relacionar con el amianto unos 500 casos, lo que dejaría el porcentaje en un 0,046%, cifra muy inferior a la relación demostrada entre el cáncer y el tabaco, el alcohol, o la exposición al sol. Eso sí, aunque la cifra sea pequeña en relación con otras causas, es importante, si es posible, evitarlas.
El alarmismo, y la estigmatización de un mineral han llevado a nuestras sociedades a tomar medidas desproporcionadas. Actualmente ha quedado demostrado que la variedad crisotilo no es peligrosa para la salud, y todavía se elimina de los edificios de muchos países del mundo.  Sin embargo, seguimos utilizando en nuestra vida cotidiana productos, que sin generar esa alarma, producen un mayor porcentaje de trastornos y enfermedades graves.

Referencias bibliográficas:
- Abelson, P. H. 1990. The asbestos removal fiasco (editorial). Science, vol. 247, pág 1017.
- Kleint, C. & Hurlbut, J. R. 1998. Manual de Mineralogía, basado en la obra de J. D. Dana. Editorial Reverté S.A. 4ª Edición. 679 págs.
- López-Abente, et al. 2007. Atlas municipal de mortalidad por cáncer en España, 1989-1998, Madrid, Instituto de Salud Carlos III.
- Mossman, B. T. Bignon, J. Corn, M. Seaton, A. & Gee, J. B. L. 1990. Asbestos: Scientific developments and implications for public policy. Science, vol. 247, págs. 294-301.
- Mossman, B. T. & Gee, J. B. L. 1989. Asbestos-related diseases. New England Journal of Medicine, vol. 320, págs. 1721-1729.
- Regueiro, M. 2013. Minerales en la vida cotidiana. Instituto Geológico y Minero de España. 126 págs.
- Ross, M. 1981. The geologic occurences and health hazards of amphiboles and serpentine asbestos, in Amphibles. Reviews in Mineralogy, vol. 9A, págs. 279-325.
- Ross, M. 1984. Informe sobre las enfermedades relacionadas con el asbesto en minas e industrias, factorías y comunidades mineras, útil para predecir riesgos sanitarios en exposiciones no profesionales a minerales fibrosos. American Society for Testing and Material, Publicación especial nº 834, págs. 51-104.



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